«Los datos son esperanzadores, podemos ver un cambio de tendencia». Elisabet Martínez Ortiz, orientadora laboral del Servicio Prelaboral Salud Mental Gràcia, muestra el resultado de los últimos años de trabajo, desde 2017. Y lo que los datos indican es que:

  • la diferencia entre hombres y mujeres atendidos en el servicio se acorta
  • el porcentaje de mujeres que encuentra un trabajo gracias al servicio supera al de hombres
  • se confirma que la tasa de inserciones laborales ahora es más favorable para las mujeres

Por primera vez, este año hay más mujeres que encuentran trabajo después de pasar por el Servicio Prelaboral. Es un hito a tener en cuenta, ya que «sufrir un trastorno mental y ser mujer ha sido, históricamente, un mal tándem para conseguir trabajo», cuenta la profesional.

Analizando las inserciones del servicio según el género, «los últimos cinco años vemos que comienza a haber un cambio de tendencia, sobre todo en relación a la tasa de inserción de las mujeres y al número de inserciones hechas».

La tasa media de inserciones de mujeres es del 28%: «Es decir, 1 de cada 4 mujeres asistidas en Prelaboral encuentran trabajo durante el año. Es una variable que se mantiene estable en el tiempo», destaca la experta.

Cabe recordar que, aparte del género, hay otras variables que pueden influir en la empleabilidad de la persona que padece una enfermedad mental, como por ejemplo la orientación diagnóstica o la cronicidad de la enfermedad.

El servicio está comprometido con la paridad y el empoderamiento de las mujeres para aumentar su empleabilidad. «En un futuro no muy lejano esperamos poder reafirmar que nos encontramos ante una nueva realidad», concluye Martínez Ortiz.

Empoderamiento femenino

Ayudar a encontrar un empleo es el objetivo principal del Servicio Prelaboral, pero no el único. Durante el acompañamiento se trabajan varios aspectos que, en el caso de las mujeres, están muy relacionados con el género.

La inclusión en el mercado laboral debe incidir en ciertas desventajas relacionadas con la autoestigma, frecuente en las mujeres atendidas en el servicio: una autoimagen profesional devaluada, un discurso negativo hacia ellas mismas muy interiorizado, miedos e inseguridades y el peso de las cargas familiares, que limitan su disponibilidad laboral.

«Luchamos por el empoderamiento de la mujer desde diferentes vertientes: la personal, la comunitaria y la laboral», señala el grupo de profesionales del servicio. La vertiente personal incluye la mejora de la autoestima, la autoconfianza, la asertividad y la resolución de conflictos. Para incidir en la perspectiva de género se ha creado el Grupo de Mujeres, un espacio que promueve el apoyo mutuo entre las participantes y la motivación por el cambio.