Hace un año en el Teatre del Cercle de Gràcia presentábamos “La nit de Sant Joan”. Un proyecto de teatro social que fue más que un proyecto y más que un teatro y más que social.

Un centenar de personas poníamos la energía y la ilusión para encender una hoguera de complicidades y dignidad que disfrutaron desde el patio de butacas más de seiscientas personas.

A finales de noviembre del 2019, nada hacía prever que solo cuatro meses después, al Club Social de Gràcia, piedra angular de la mágica propuesta, nos encontraríamos como todo el mundo, en medio de una pandemia que todavía hoy nos acompaña.

Sin haber recibido invitación, el virus se nos ha metido en casa y nos ha querido apartar de nuestra tarea. Un cometido que es, precisamente, el de promover todo aquello que a la Covid no le gusta que promovamos: conocernos, queremos, visitar las calles, los teatros y los museos, permanecer en grupos cuanto más grandes mejor y disfrutar de celebraciones. Y explicar a todo el mundo que lo quiera escuchar, que una enfermedad mental no es impedimento para ser partícipes activamente en este mundo tan girado con el que nos toca lidiar conjuntamente.

Pero hemos aprendido a burlar al bicho señalando puertas de entrada y de salida, tapándonos las sonrisas únicamente con las mascarillas y frotándonos una y otra vez las manos con hidrogeles y, en lugar de maquillarnos para salir al escenario, nos tomamos la temperatura antes de empezar.

Y mientras esperamos para recuperar un grupo de cuarenta y ocho personas, nos inventamos seis de ocho y facilitamos todos los medios necesarios para que la llama encendida hace un año mantenga la brasa y no apague nunca el sentimiento y la palabra.

Òscar Constantí Bosch
Productor executiu de «La nit de Sant Joan» i coordinador del Club Social Salut Mental Gràcia

“Per la claror inspirat, sa vida ha il·luminat
entre desgràcies i calamitats.
Nanito entremaliat, diabòlic i pirat,
el seu destí és deixar el món ben torrat.”

El Bombero Joan. Jaume Sisa